Reconozco que el lanzamiento de la M8, en su momento, me dejó un poco frío. No acababa de comprender el elevadísimo precio del aparato en cuestión. Aunque no soy muy amigo de las comparativas técnicas, reconozco que me lancé a la búsqueda de las mismas intentando justificarlo, sin conseguirlo. Después de ver imágenes y más imágenes tomadas con ella, llegué a la conclusión de que, por encima de consideraciones técnicas, las imágenes tomadas con ella tenían ese aire “Leica” ese alma que sólo la marca alemana es capaz de imprimir a la imagen.
Es por ello, que, tras sacrificar todo mi equipo, aquí estoy, con mi nueva M8 en las manos, tomando contacto con ella y acostumbrándome poco a poco. He de confesar que tampoco me está resultando excesivamente difícil pues, tal y como confesé en otro post anterior, hace bastante que tendía a simplificar terriblemente, y salía con mi 5D y un 50mm, disparando siempre en manual.
Puesto que la leica presenta un factor de recorte de 1.33x, tuve que decantarme por una lente de 35mm para conseguir casi los 50mm a los que mi ojo está acostumbrado. Me decanté por un Zeiss Biogon 35mm f2. Una lente bastante maja y “asequible” (ejem) comparada con las lentes Leica, claro… es luminoso, y da imágenes de buena resolución y contraste.
En mis primeras impresiones de manejo, además de la consabida calidad y robustez, creo que merece la pena destacar algunos aspectos:
- Da gusto caminar sin peso.
- Es una maravilla que te confundan con un turista y no con un periodista.
- Cada foto toma su tiempo… y eso obliga a reflexionar más antes de cada toma.
Cambiar de una réflex a una telemétrica no es moco de pavo. Las diferencias son sustanciales… pero creo que a la larga merecerá la pena.
Os dejo un par de fotos de prueba que hice ayer

